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Últimamente, parece que la cosa va de libros breves. Después de haberos contado cómo podéis cumplir todos vuestros sueños en 28 páginas con It Works (si no habéis leído el post, os lo dejo por aquí), ahora reducimos una página para hablar de una conferencia Ted convertida en libro.

Chimamanda Ngozi Adichie es una de las autoras que más ganas tenía de leer y Todos deberíamos ser feministas fue el primer libro que cayó en mis manos escrito por ella. En este caso, es una charla que ella misma dio, que ha terminado convertida en libro. Un manifiesto breve, pero muy potente, sobre lo que significa ser feminista hoy en día.

 

 

 

En diciembre de 2012, la autora fue invitada como ponente a un ciclo de conferencias centradas en África y ella decidió hablar sobre un tema que le preocupaba a nivel personal, pero que se puede aplicar de forma universal: el feminismo.

Tras muchos años de escuchar frases como “el feminismo es antiafricano”, “las feministas están siempre enfadadas y no usan desodorante” o “las feministas son mujeres infelices porque no encuentran marido”, Adichie comienza este pequeño libro definiéndose como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Teniendo en cuenta este comienzo, la autora ya nos empieza a plantear una verdad incómoda. De esas que pican, que se notan bajo la piel. Porque, por mucho que se diga o se grite a los cuatro vientos lo contrario, el feminismo sigue siendo algo por lo que luchar; sigue siendo un problema de derechos humanos.

Porque en 2018, la palabra feminista continúa cargada de connotaciones negativas y nuestro día a día sigue lleno de micromachismos cotidianos a los que parece que nos hemos acostumbrado y que ni nos sorprenden: los camareros esperan a que paguen ellos, las mujeres se ocupan del hogar y claudican un poco en su carrera profesional para mantener el equilibrio. Estos son sólo dos ejemplos de un largo etcétera que Adichie conoce bien.

Además de este tipo de ejemplos, la autora también utiliza datos como que el 52% de la población mundial son mujeres, pero cuanto más arriba llegan a nivel laboral, menos mujeres quedan. O el hecho de que las mujeres cobran menos por los mismos trabajos que los hombres (si habéis visto las noticias últimamente, sabéis que esto está más que demostrado).

Adichie también aprovecha y cuenta anécdotas, que ha utilizado en sus libros, como la de la mujer negra que entra sola en un hotel de Nigeria y el personal de ese establecimiento la toma por una prostituta que va al hotel a prestar un servicio a un cliente.

Quizás, para algunas personas, esto parezca exagerado, pero la realidad es que este tipo de cosas pasan a diario. Y no sólo en la Nigeria de Adichie. Porque la estructura de nuestro pensamiento, nuestra educación, no es tan distinta, aunque vivamos a miles de kilómetros de distancia.

El concepto de la supuesta diferencia entre mujeres y hombres existe en Nigeria y en España, en Estados Unidos y también en Japón. Da igual lo desarrollada que esté una sociedad, porque al final, si una mujer es eficiente o resolutiva, se le llamará “intensa” o “trepa”. O si un día tiene que hablar con un empleado por algo que ha hecho mal y le echa la bronca, entonces es que “tiene la regla” o es “mandona”.

Como bien dice Adichie en el libro, a las mujeres se nos describe con unas virtudes positivas determinadas, que prescriben cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo realmente somos.

“Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas”, explica. Y este es sólo uno de los miles de ejemplos que se podrían poner.

El machismo no es sólo el pasado que hemos visto en la tele, en los periódicos o que nos han contado, sino que el machismo es también ese pasado que vivimos durante nuestra infancia y que no debemos olvidar. Porque la estructura machista todavía pervive: en España seguimos teniendo colegios segregados por sexos, la violencia machista se lleva cada año a decenas de mujeres y son cada vez más jóvenes los chicos que demuestran que el machismo es, de todo, menos algo del pasado.

Es por eso que creo que Todos deberíamos ser feministas es un libro tan necesario. En 27 páginas invita a todo el que le de una oportunidad a pensar en el feminismo y a ver que, por muy desarrollada que esté una sociedad, el machismo es algo que tenemos asumido y que vivimos todos los días sin darnos cuenta. Y sino, pasaos un sábado por la tarde por cualquiera de los canales de televisión generalistas y fijaos en las películas disponibles. ¿Queréis un spoiler? En el 90% de los casos, el camarero le da la cuenta directamente al hombre.

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