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“Pase lo que pase a tu alrededor, no te lo tomes como algo personal. Nada de lo que otras personas hacen es por ti. Es por ellos mismos”

Mi relación con Los Cuatro Acuerdos empezó hace ya algunos años, en Costa Rica. Fue el primer viaje que hice fuera de Europa, junto con tres amigas más, y realmente fue un viaje que me marcó muchísimo.

Para los que hayáis viajado mucho, esto os parecerá una tontería, pero para mi fueron dos semanas de experimentar, de cambios, de estar lejos de mi familia y de sentir, por primera vez, que era totalmente responsable de lo que me pasara. De mi y de mis tres amigas.

No me malinterpretéis: con esto no quiero decir que me sintiera la madre de nadie, pero sí que fueron dos semanas en las que aprendí de cero a convivir con ellas a tantos kilómetros de distancia. Y fue precisamente en esa convivencia, en la que una de mis amigas me presentó a Miguel Ruiz y sus Cuatro Acuerdos.

Ella es una persona que siempre tiene un libro en la mano, o en la mente y con ella he tenido conversaciones de las que te cambian la vida. Es por eso, que cuando nos preguntó si podía leernos trocitos del libro por las noches (¡Bendito jet lag!), a mi me pareció la mejor de las ideas.

Volvimos de Costa Rica y no terminamos el libro. Pero yo me quedé con la espina clavada de saber cómo continuaba. Por eso le pedí que me lo prestara, cuando ya había comenzado la aventura del blog. Porque sabía que sería un libro importante y que, igual que me enganchó a mi en esas noches de jet lag, lo haría con muchos de vosotros.

 

 

A diferencia de otros libros de este tipo, Los Cuatro Acuerdos se estructura de una forma sencilla y muy comprensible, con lo que es realmente fácil de entender. Simplemente hay que entender y aplicar las cuatro partes en las que se divide:

1. Sé impecable con tus palabras

Las palabras que verbalizamos o pensamos son las que nos crean cada día: de la nada y sin materia, las palabras pueden transformar lo que sea. Por eso que hay que utilizarlas con cuidado, sabiendo que cada una de ellas crea una realidad.

En el primer acuerdo, Ruiz nos aconseja hablar con integridad. Decir sólo lo que queremos decir y evitar utilizar la palabra para hablar contra nosotros mismos o para cotillear sobre otros. Utilizar el poder de nuestra palabra en la dirección de la verdad y el amor.

2. No te tomes nada personalmente

Cada uno de nosotros vivimos nuestra propia película, en la que somos los protagonistas. Y cada uno de nosotros afrontamos nuestra propia historia viviendo nuestra vida y resolviendo conflictos personales. Los demás, son sólo figurantes de esa película, por lo que cualquier reacción, acción o episodio que suceda entre nosotros y otra persona, no tiene nada que ver con nosotros.

Esa persona puede estar pasando por un momento difícil por fuera (trabajo, pareja, hijos) o por dentro (ansiedad, dolor de cabeza, preocupaciones) y reacciona de una forma determinada ante cualquier cosa que le suceda. Como actores principales, cada uno de nosotros vive en su propia película, por lo que debemos aprender a no caer en ese tipo de trampa y no tomarnos la reacción de otra persona como algo personal, dirigido a nosotros.

Porque tomarnos las cosas personalmente nos convierte en una presa fácil: nos comemos toda la basura emocional y la convertimos en propia. Pero si no lo hacemos, seremos inmunes a todo eso y no necesitaremos depositar nuestra confianza en lo que hagan o digan sobre nosotros los demás.

Nada de lo que los otros hacen es por nosotros. Lo que hacen es una proyección de su propia realidad, de su propio sueño. Cuando somos inmunes a las opiniones y acciones de otros, no somos la víctima de un sufrimiento innecesario.

3. No hacer suposiciones

Este acuerdo está vinculado al anterior. Como protagonistas de nuestra propia película, tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo, creyendo que lo que suponemos es cierto y montándonos una realidad sobre ello.

Lo malo de esto es que, esa realidad que nos montamos, no siempre es positiva o está guiada por la confianza y el amor, sino más por el miedo y por nuestras propias inseguridades.

Un ejemplo muy típico es cuando te cruzas con alguien que conoces y esa persona no te saluda. En ese momento empezamos a crear una realidad sobre ese hecho: “esa persona está enfadada conmigo o no quiere saber nada de mi, porque no me ha saludado” o “que persona más antipática, que ni siquiera me saluda, cuando me ha visto perfectamente”. ¿Cuántas veces os ha pasado eso?

Creamos realidades constantemente en base a rumores, cotilleos malintencionados o situaciones sobre las que nos falta información.

¿Y cómo se soluciona esto? La manera más efectiva es encontrar el coraje para hacer preguntas y expresar lo que realmente queremos. Comunicarnos con los otros de forma clara, para evitar malentendidos, tristeza y drama. Sólo con ese acuerdo, podríamos cambiar de vida completamente.

4. Da siempre lo mejor de ti

Este último acuerdo es el que engloba a todos los demás y el que conseguirá que transformemos realmente nuestra vida. Ruiz nos aconseja hacer siempre lo máximo que podamos y dar siempre lo mejor de nosotros.

Es cierto que “lo máximo y lo mejor” no siempre serán iguales y que, durante toda nuestra vida, cambiarán. El máximo que demos cuando estemos sanos y con energía, no es el mismo que el que daremos estando enfermos y cansados. Pero lo importante es que, bajo cualquier circunstancia, lo hagamos: demos lo mejor y así evitemos el juzgarnos a nosotros mismos.

 

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