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Desde, más o menos, el Instituto, los deberes empiezan a crecer. Yo todavía recuerdo trabajos, exposiciones orales, presentaciones de proyectos, pero sobre todo, lo que más recuerdo, es las listas de libros que nos daban para leer.

La cosa se incrementó en la Universidad. Además, al estudiar una carrera de letras, las listas de material obligatorio y optativo llenas de libros de 600 páginas estaban a la orden del día.

Sí que es cierto que, en primero de carrera, esas listas me las tomaba bastante al pie de la letra y trataba de leer lo máximo que podía. Pero conforme fui pasando cursos, el material optativo ya dejó de formar parte de mi lista de cosas que hacer. Y el obligatorio se redujo hasta mínimos insospechados. Resultado: quizás me leía un 10% de todos los libros que nos mandaban.

Cuatro años después, salí de la Universidad con el título y sin ningún remordimiento por la de títulos de dejé de leer. Bueno, en realidad el título aún está allí, porque tengo que ir a recogerlo, pero entendéis lo que quiero decir ¿verdad?.

Con el paso del tiempo, y sobre todo desde que empecé con el blog, ese “sin remordimiento” se ha convertido en un “voy a revisar las listas de libros, a ver qué hay interesante”. Sí, todavía conservo muchos de esos papeles con los libros que nos mandaban y cuando quitas la palabra obligatorio de ellos, parece que se vuelven mucho más interesantes.

Lo curioso de todo, es que me habría encantado que en una de esas listas estuviera 10 Days to Faster Reading. Porque estoy convencida que los ejercicios que propone y la evolución que se experimenta al leerlo nos hubiera venido a todos de perlas. Y no sólo me refiero a leer más deprisa, sino a aprender a analizar los libros, a sacar el máximo partido y, sobre todo, a no leer de la primera a la última palabra.

1. La lectura lineal es ineficiente: No tienes que leer cada palabra

El objetivo de las lecturas de no ficción no es leer cada palabra de cada página, sino extraer la información útil de ese material. Cuando éramos pequeños, la mayoría aprendimos a leer comenzando por la primera palabra de cada página, para después continuar leyendo hasta llegar a la última página. A no ser que hayamos aprendido técnicas de lectura estructurada, probablemente seguiremos leyendo de la misma forma, aunque sea extremadamente inficiente.

La lectura eficiente es no lineal, es una serie de vistazos rápidos, de saltos, de referencias y de toma de notas. El objetivo no es cubrir el 100% del texto: el objetivo es extraer toda la información útil que sea relevante para lo que queremos hacer.

Es fácil atraparse en “leer el libro” y en pasar las páginas hasta que ya no hay más páginas que pasar. Pero una vez nos sintamos cómodos con la idea de que no necesitamos trabajar linealmente todo el libro para beneficiarnos de su lectura, entonces podremos leer mucho más rápido y dejar ese libro cuando hayamos aprendido lo que necesitamos.

2. Escoge tus batallas: Selecciona lo que quieres leer

La mayoría de nosotros tenemos mucho que leer. Libros, newsletters, revistas, emails, posts…la montaña de lectura no terminaría nunca. Hasta que alguien invente un sistema para no acumularlas, tendremos que tomar decisiones.

Seleccionar ayuda a leer primero los materiales más importantes. En las Urgencias de cualquier hospital, los médicos identifican a los pacientes que necesitan ayuda primero y el resto debe esperar. Nosotros podemos aplicar este mismo sistema en la lectura: aunque tengamos una montaña de lectura enorme, sabemos que hay materiales más importantes que otros.

Tener claro lo que queremos hacer es necesario para poder seleccionar las lecturas de forma efectiva. Si dedicamos tiempo a aclarar nuestros objetivos, es mucho más fácil decidir qué materiales nos ayudarán a conseguir lo que queremos.

3. Las preguntas antes que el contenido: El poder de establecer objetivos

Leer de forma efectiva material de no ficción no empieza con coger el libro. Podemos multiplicar tu efectividad dedicando unos minutos antes de empezar a leer a decidir por qué vamos a leer ese material primero. Esto es: establecer objetivos.

Establecer objetivos es el acto de decidir qué queremos aprender al leer ese material en concreto. Al descubrir qué información nos ayudará, qué preguntas queremos responder y cómo pensarmos aplicar ese material, será mucho más fácil reconocer información útil cuando la encontremos durante la lectura.

Una forma útil de establecer esos objetivos es apuntar una lista de preguntas antes de abrir el libro. De este modo, cuando comencemos a leer, buscaremos la respuesta a esas preguntas. A este concepto la autora le llama priming.

4. Priming: El beneficio de la vista previa

El priming es como si programáramos a nuestro cerebro para ser consciente de ciertas cosas sobre nuestro entorno. Es un concepto muy sencillo de entender con un ejemplo: habláis con una amiga de que queréis compraros un coche y, tras esa charla, no paráis de ver el coche por todas partes. ¿Os ha pasado algo así, verdad? Pues eso es el priming.

No es que los concesarionarios de todo el país se hayan puesto a conspirar contra vosotros, sino que esos coches siempre han estado ahí, pero vuestro cerebro los filtraba como irrelevantes. Cuando vuestros intereses cambian los filtros con los que veis el mundo, entonces el cerebro empieza a filtrar esa información como relevante, cada vez que aparece.

El priming sucede de forma inconsciente, pero podemos controlarlo si sabemos lo que estamos haciendo. Establecer objetivos funciona porque nos da una oportunidad de hacer priming de forma consciente sobre nuestros filtros de percepción, para que podamos ver la información relacionada con nuestros intereses. Eso es lo que nos permite leer más rápido: cuando el priming funciona, podemos hojear un libro rápidamente hasta que nuestro cerebro reconoce algo interesante o importante. Mientras hojeamos, de repente nuestros ojos se detienen en la parte del texto que está relacionada con lo que estamos buscando. Parece magia, pero al final es sólo nuestro cerebro haciendo su trabajo.

Antes de empezar a leer, no podemos saltarnos las dos fuentes principales de priming: la tabla de contenidos y el índice. La tabla de contenidos nos da información sobre la estructura del libro, el contenido y el orden. El índice, además de ser una herramienta de referencia útil, es esencialmente un mapa de las palabras clave. Si encontramos en él una palabra que no conocemos citada muchas veces, hay que anotarla en una lista de palabras clave antes de comenzar a leer, porque seguramente será importante.

5. El Pensamiento es más rápido que la palabra

La mayor barrera para leer más rápido es la subvocalización o voz interior, que es cuando el lector dice las palabras que lee mentalmente, en vez de sólo pensar en ellas. La subvocalización es útil cuando aprendemos a leer, pero es uno de los mayores problemas a la hora de mejorar nuestro ritmo de lectura, una vez hemos aprendido a leer. Nuestra mente es capaz de incorporar palabras escritas al pensamiento mucho más rápido de lo que nosotros podemos vocalizar esas mismas palabras.

El primer paso para eliminar la subvocalización es darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Simplemente cogiendo cualquier material de lectura y leyendo un trozo, nos daremos cuenta de si estamos diciendo las palabras que leemos. Si es así, estamos subvocalizando. Para poder eliminar el hábito, sólo debemos empezar a leer más deprisa. Llegará un punto que iremos más rápido que nuestra subvocalización y nos daremos cuenta de cuánto podemos comprender y retener, aunque leamos más rápido.

6. Los ojos pueden absorber más información de la que pensamos

Los ojos pueden absorber más de una palabra cada vez. En vez de fijarnos en cada palabra, hay que intentar fijarse en grupos de entre 3 y 5 palabras cada vez, para incrementar la velocidad de lectura sin afectar a la compresión. Aprender a leer más de una palabra cada vez es cuestión de práctica y en el libro se incluyen muchos ejercicios para poder aprender esta técnica.

7. Tomar notas para una mejor comprensión y retención

Leer no es una actividad pasiva. No es como ver la tele, donde nuestro trabajo es sólo absorber los estímulos. Leer es un proceso activo y mental, por lo que vale la pena estar preparado para capturar todas las conexiones antes de que se nos olviden.

No hay que dudar y si nos apetece escribir mientras leemos, hay que hacerlo. Tomar notas nos sirve para dos cosas: crear un archivo de nuestros pensamientos para tener referencias a posteriori y reforzar lo que aprendemos.

Hay distintas formas de hacerlo. Hay gente que prefiere escribir en los márgenes del mismo libro, otros prefieren las libretas o incluso tomar notas en ordenador u otro dispositivo.

8. Eliminar distracciones para mejores resultados

Leer rápido requiere una concentración y un esfuerzo mental intensos. Si se hace bien, ese proceso centra toda nuestra atención y pone a prueba nuestras habilidades. Si un teléfono vibra, una alerta de email suena o nos están interrumpiendo constantemente, es imposible concentrarse. Así que es mejor encontrar un espacio de silencio, donde poder encontrar la concentración para poder leer.

9. Poner a prueba al autor: Capturar preguntas y objeciones

Una de las diferencias entre leer para el colegio, instituto o universidad y hacerlo para uno mismo es ser capaz de contactar con los autores que respetamos o con los que estamos en desacuerdo, para conseguir respuestas. La mayoría de nosotros hemos crecido leyendo material para poder aprobar exámenes y parece que, a veces, se nos olvida que los autores son personas, que en la mayoría de los casos están más que felices de que sus lectores les contacten.

Capturar nuestros pensamientos mientras leemos es una gran oportunidad para discutir y conectar con el autor y con otros lectores interesados. Una vez hemos esbozado nuestros pensamientos sobre un libro, estamos en una posición mucho más adecuada para tener discusiones útiles e interesantes sobre ese libro con otras personas.

10. Leer no es suficiente: Hay que aplicar lo que leemos

El objetivo de leer no-ficción no es simplemente leer el libro: es aprender algo útil. Aunque leer es divertido, no se convierte en algo beneficioso hasta que no traducimos las cosas que leemos en resultados en el mundo real.

Tras leer un buen libro, deberíamos ser capaces de añadir, al menos, 3 nuevas tareas a nuestra lista de cosas que hacer o de proyectos. Debemos apuntarlas mientras leemos y revisar la lista cuando hayamos terminado. Idealmente, estas acciones deberían estar directamente relacionadas con cumplir uno de los objetivos que nos marcamos en la fase de establecer objetivos.

Leer de forma efectiva no ficción es realmente una habilidad. Lleva su tiempo y requiere práctica para aprender, pero una vez que controlamos la habilidad, experimentaremos enormes cambios en nuestra productividad.

Desde que comencé a leer 10 Days to Faster Reading hasta que terminé el libro, mi velocidad de lectura se duplicó. Además, he aprendido a hojear un libro antes de leerlo y extraer, a grandes rasgos, lo más importante de cada título. Es mucho más fácil comenzar a leer cuando tienes en mente el objetivo de por qué lees ese libro en concreto.

Si bien es cierto que las técnicas que se aprenden son realmente efectivas, no las aplico con todos los libros que leo. En el caso de las biografías, por ejemplo, me tomo mi tiempo y prefiero disfrutar de una lectura más pausada.

Al final depende de cada libro y de cada uno de nosotros, pero 10 Days to Faster Reading es un libro que puede facilitar muchísimo las cosas. ¡La de horas que me habría ahorrado si lo hubiera leído antes de comenzar la carrera!

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