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Una de las categorías que más me apetecía leer es la de las biografías. Si bien es cierto que otras como las de finanzas o comunicación pueden aportar mucho más de primeras, siempre he pensado que leer sobre cómo otros han conseguido estar donde están, tiene que ayudar por fuerza a mejorar.

En este caso, Richard Branson fue quien decidí que me abriera las puertas de las biografías para cambiar de vida y ha sido realmente una experiencia. El empresario británico ha tenido una vida de lo más curiosa y leer todas sus experiencias escritas y descritas en Perdiendo la Virginidad es algo que os recomiendo.

Branson es el fundador del grupo Virgin. Sí, Virgin de las tiendas de música; Virgin de la aerolínea…todo lo que os venga a la cabeza con el nombre de Virgin y el ya clásico logo rojo, todo ha salido de la cabeza de Richard Branson.

 

 

Desde sus inicios, Branson siempre quiso hacer las cosas de un modo diferente, de una forma nada tradicional con la que ha asumido grandes riesgos, que no siempre han salido bien. Y es precisamente esa forma de ver la vida y de enfrentarse al día a día de un negocio, la que hace que el libro sea aún más interesante.

La carrera de Branson empezó en el instituto, cuando el dinero en su casa no sobraba y él decidió fundar una revista estudiantil alternativa llamada Student, junto con su amigo Jonny Gems. Mientras Gems se encargaba de la parte más editorial, Branson decidió hacerse cargo de la parte de negocio. Cuando la revista pasó a ocupar todo su tiempo, Branson decidió dejar sus estudios y centrarse en la publicación. En ese momento fue cuando el director de su instituo le dijo: “Branson, o terminarás siendo un convicto o un millonario”. Ya sabéis cuál de las dos ha sido al final.

 

“Branson, o terminarás siendo un convicto o un millonario”

 

Junto a Student, Branson fundó también el Centro de Asesoramiento Estudiantil, en el que ofrecían ayuda a los jóvenes con problemas como el embarazo adolescente o el suicidio. Si Student fue el germen de lo que luego sería el imperio Virgin, el Centro de Asesoramiento Estudiantil se convirtió en el comienzo de todos los proyectos solidarios que el empresario ha llevado a cabo a lo largo de su vida.

Branson utilizó el crecimiento de Student como plataforma para lanzar una compañía de música con descuento por correo. El negocio pronto empezó a funcionar, pero una huelga del servicio de correo le mostró a Branson lo dependiente que era de la compañía postal para entregar los pedidos. Es por eso que decidió abrir una tienda física de música. En un momento en el que este tipo de establecimientos estaban muy poco pensados para el cliente, Branson creó un espacio que invitaba a entrar, con sillas y sofás, con distintas estaciones de música, para poder escucharla antes de comprarla.

Fue entonces cuando Branson y Nik Powell, considerado el otro fundador del grupo, tuvieron que pensar en un nombre para su negocio. En una reunión con el pequeño equipo que tenían entonces empezaron a pensar y de ahí salió la idea de que todos ellos eran vírgenes en los negocios, así que qué mejor nombre que Virgin.

Pronto, el negocio de las tiendas de música pasó a ocupar todo el tiempo de Branson y Student pasó a un segundo plano. La revista sacó un último número y cerró definitivamente. La cadena de tiendas Virgin creció y Branson decidió comprar una mansión a las afueras de Londres para convertirla en estudio de grabación, al que invitar a artistas de todo tipo a grabar su música. Fue así como finalmente nació Virgin Music, cuyo primer cliente fue ni más ni menos que Mike Olfield. Más tarde llegarían otros artistas como Boy George y Culture Club, pero fue Oldfield con Tubular Bells el que se convirtió en el superventas de Virgin Music.

Pero Richard Branson no sólo son sus negocios. El empresario también ha cosechado una larga lista de hobbies, que le han llevado a romper el record por cruzar el Atlántico en una lancha rápida, lo que le llevó a trabajar con el experto en globos aerostáticos sueco Per Lindstrom.

 

“Más que ningún otro elemento, la diversión es el secreto del éxito de Virgin”

 

Branson persiguió sus hobbies con el mismo entusiasmo y pasión que sus negocios. Él y un amigo rompieron el récord por cruzar el Atlántico en un velero, lo que le llevó a trabajar con el especialista en globos aerostáticos sueco Per Lindstrom para intentar cruzar el Atlántico en un globo. Las anécdotas sobre sus diversos viajes y la experiencia del globo es quizás, la parte más tediosa del libro y la que, si lo volviera a leer, quizás incluso me saltaría. Si bien es cierto, esa experiencia es la que hizo que Branson acabe fundando Virgin Airways, la mayor apuesta que el empresario ha hecho hasta la fecha y que le ha mandado en más de una ocasión frente a los tribunales, con demandantes tan amenazantes como British Airways. Finalmente, la cosa terminó en un pacto fuera de esos tribunales en el que se daba la razón a Branson.

Pese a que, a ratos, el libro se hace un poco pesado, Perdiendo la Virginidad es una gran lección de humildad y modestia. En el libro, Branson habla con franqueza sobre aspectos como su primer matrimonio fallido y sobre la felicidad que ha disfrutado desde que se casó por segunda vez, tanto con su mujer como más adelante con sus hijos. Además, el empresario habla de una de las razones por la que siempre se le ha criticado a nivel público: su faceta de showman. Ante ese calificativo, Branson se defiende y considera que él sólo ha usado su imagen para ganar audiencia para Virgin.

 

 

Al principio del libro, Branson explica que este es el Volumen I de su autobiografía y justo hace muy poco ha presentado el que será el Volumen II: Finding my Virginity (de momento este libro no ha salido en castellano), en el que cuenta la segunda parte de su historia y que, personalmente, tengo ganas de leer.

 

 

Lo que me gusta de este libro:

  • Historia sorprendente
  • Curiosa forma de entender los negocios y la vida
  • Inspirador, para aplicar

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